¿Está en crisis la formación profesional del abogado?

 INTRODUCCIÓN

En la práctica jurídica solemos encontrar conductas y actos por parte de los agentes jurídico de nuestro país, que dejan mucho que reflexionar en relación con su formación profesional. Y al hablar ya de conductas exteriorizadas y valoradas por la sociedad, estamos hablando de Ética. 

Por lo anterior, en este escrito reflexionamos sobre ¿Qué Derecho queremos que sea el objeto de la enseñanza aprendizaje? ¿Qué abogados queremos formar? ¿Qué modelo de enseñanza requerimos para éste tipo de abogado y de derecho?

DESARROLLO

El motivo de este escrito es la tan cuestionada Ética de los abogados en nuestra sociedad colombiana. Para nadie es un extraño escuchar palabras como ladrones, cuervos, mentirosos, mañosos y otras para referirse en términos peyorativos al profesional del derecho; pero la pregunta a realizarnos es ¿Qué hace que las personas tengan esos conceptos tan negativos de nosotros?

A la anterior pregunta, podemos dar una respuesta simple, y que esos conceptos solo pueden surgir del cuestionamiento ético que se hace a las conductas desplegadas por los abogados en la sociedad; pero si continuamos analizando, podemos deducir que éste tipo de conductas tan reprochables por muchos y toleradas por otros, no son más que el reflejo de la formación profesional y personal del abogado, en la cual incide no solo la Universidad, sino también la Familia y la Sociedad en la que se desarrolla este individuo.

Es precisamente por lo anterior, que debemos de empezar a romper paradigmas en la formación y objeto de estudio de los profesionales del Derecho. 

Debemos de iniciar por cambiar el objeto de la enseñanza aprendizaje; el Derecho no puede seguir siendo entendido como el simple conjunto de normas jurídicas dictadas por el legislador para la regulación de los actos de toda persona en la sociedad; debemos de empezar a comprender que el Derecho es una realidad compleja que presenta dimensiones sociales, lógicas, económicas, sociológicas, éticas, políticas, etc, por lo que no puede ser reducido su estudio a la simple norma con su correspondiente interpretación y procedimiento para su aplicación o efectividad. 

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Cambiado ese objeto de estudio y entendido la complejidad del mismo, se hace imperante reflexionar sobre la clase de profesionales del derecho que queremos formar; y es aquí, en donde podemos encontrar que la formación actual de este tipo de profesionales impartida por la Universidades en sus correspondientes Facultades de Derecho, la Familia y la Sociedad, han olvidado su deber de formación de un profesional integro, que responda a los nuevos contextos sociales y políticos de la sociedad.

Se ha dado prevalencia al saber técnico echando al olvido el ser como persona, al igual que el aprehender; es decir, se han olvidado que todo profesional en su formación requiere de un “aprender a hacer”, “aprender a ser”, y un “aprender a aprehender”. No es el uno, no son dos, deben ser los tres elementos indispensables en la formación del futuro profesional. El saber hacer es importante, pero no podemos olvidar que vivimos en sociedad y que nuestras conductas y decisiones en el campo profesional y personal deben de estar enmarcadas dentro de contextos éticos, a su vez, el continuo cambio exige de nosotros la constante actualización del conocimiento  para entender los cambios sociales y los avances de la sociedad en su afán de ordenarse y vivir de forma civilizada.

Al decidir cambiar el objeto de estudio y el tipo de profesional del derecho que se está formado actualmente, nos lleva a una tercera etapa o fase: El Modelo Enseñanza Aprendizaje.

Por lo anterior, se hace necesario pasar del modelo tradicional, en donde el aprendizaje es la comunicación entre emisor (maestro) y receptor (alumno) tomando en cuenta la comprensión y la relación con sentido de los contenidos; y el modelo conductista, en donde se dan los medios para llegar al comportamiento esperado y verificar su obtención, dejando de lado los aspectos externos.

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Dado lo anterior, creemos que se hace necesario pasar a un Modelo Constructivista,  en el cual la enseñanza se concibe como una actividad crítica y al docente como un profesional autónomo que investiga reflexionando sobre su práctica, en donde la enseñanza no es una simple transmisión de conocimientos, si no por el contrario la organización de métodos de apoyo que permitan a los alumnos construir su propio saber. 

Creemos que replanteando los tres aspectos antes mencionados, podemos llegar a enderezar el camino recorrido y el que falta por recorrer. Entendiendo que tipo de profesional necesita la sociedad y cambiando el objeto y el método encontraremos un cambio fundamental que dará respuestas positiva en nuestros cuestionamientos.

CONCLUSIÓN

A modo de conclusión, podemos decir que se hace urgente replantear los procesos de formación y su objeto de estudio en las facultades de derecho, con miras a contribuir con mejores profesionales del derecho, no solo en lo técnico, sino también en lo humano, sin dejar de lado, el importante papel que deben de jugar las Familias y la sociedad en dicho proceso de formación.

POR:

Jhonatan D. Arroyave Montoya

CEO –  Arroyave & Asociados Consultores 

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